Construyéndonos

En los últimos días, me han llegado diferentes inputs que me han conducido a la decisión de un tema para mi nueva entrada en el blog: la construcción de la autoestima.

Ya nadie es desconecedor del dato: el 25 de noviembre es el día de la lucha contra la violencia de género. Muchos profesionales del campo de la salud y las ciencias sociales hablan, estudian, opinan sobre este hecho.

Otro input ha sido un curso online sobre salud, género y drogodependencias que he iniciado esta semana. Y finalmente, el último input ha sido un vídeo que mi prima colgó en una red social en el cuál salían una nueva “tribu urbana” de adolescentes llamada “Swaggers” y yo, movida por la curiosidad de estos temas, estuve visualizando diversos vídeos al respecto.

Llevaba días intentando pensar como enfocar algo de lo que hemos oído hablar mucho y que muchas veces focalizamos en ella el origen de todos nuestros males, inseguridades, errores, etc.: la dichosa autoestima. O mejor dicho, la dichosa BAJA autoestima.

Ha sido estimulante para mis conexiones neuronales el recibir estos inputs, puesto que he llegado a la conclusión, que en ocasiones, nuestra relación con el mundo es para nosotros (y erróneamente) más importante que nuestra relación con nosotros mismos. Y es por ello, que la construcción de una SANA autoestima es algo heroico, no imposible y vital para nuestro bienestar emocional.

A estas alturas, no pretendo definir el concepto de autoestima, ya que ha calado en el vocabulario de todo el mundo desde hace años y la mayoría podríamos definirla sin demasiado esfuerzo. Lo que me gustaría es poder reflexionar en como desde pequeños construimos nuestra autoestima.

En los primeros meses de vida, no tenemos desarrollado el concepto del yo, sino que es a través de los demás que definimos y vivimos el mundo. Poco a poco, gracias a las palabras, los gestos y la interacción con los adultos (en la mayoria de los casos, esos adultos son los padres), nos vamos empezando a dar cuenta de que somos una persona individual, con capacidad de acción. Nuestro entorno es un elemento enorme de influencia en la generación de la autoestima y del autoconcepto, así como en la formación de la personalidad.

Es por lo que vivimos que somos de una determinada manera. Pero no todo es debido a las atribuciones que los demás hacen de nuestros actos o palabras. Hay una parte que sí depende de nosotros mismos, de la valoración que hagamos de nuestra manera de ser, del cariño y el mimo que nos tengamos, de la compasión y el perdón ante los errores.

En un mundo donde hay personas que se respetan poco a si mismas, que se castigan, que se exigen hasta límites insospechados, es lógico que esta red de automachaque se vaya extendiendo de generación en generación. Y hay posiciones que adoptamos que nos resultan golosas, nos encadilan y de las que no podemos salir con facilidad. No nos gusta tener baja autoestima, pero ¿qué hacemos para cambiarla? Muchas personas, se quedan con la baja autoestima que viene de serie. Una baja autoestima que se engendró en el momento en el que desde niños se fijaban más en el reproche que en el halago. Y así, hasta llegar a la vida adulta.

En la construcción del género, del rol masculino y femenino, se ha dado mucha exigencia. Aunque, afortunadamente, se han flexibilizado ciertos conceptos de género y se han cuestionado algunos roles sociales, todavía está en el ADN humano ciertas creencias y atribuciones a cada género. Y de manera inconsciente tratamos de perpetuarlo de generación en generación. Esto influye en la creación de la autoestima, ya que si hacemos caso a pie juntillas de estos roles instaurados, sin cuestionarlos, estaremos exigiéndonos ser de una determinada manera. Y como consecuencia, no nos aceptaremos tal y como somos. Querremos ser como nos dicta la sociedad y cualquier lucha por romper este tinglado, sería difícil, dolorosa y quizá acabaría con el rechazo del entorno. Pero, ¿Y si todos empezáramos a hacer caso a nuestro criterio personal, al malestar que nos genera no querernos y aceptarnos? Uau!

La adolescencia es un punto clave. Los adolescentes prueban, buscan perdidos como construir su identidad, como formar parte de algo, como ser “alguien”. En serio, me da cierto pavor lo que significa “ser alguien” para los adolescentes de hoy. Más allá de los muchos “me gusta” de las redes sociales, en el día a día, implica pasar a la acción en algunas esferas en las que no se está preparado todavía. Y hemos de entender el vaivén hormonal que sufren y las dudas, y la presión que tienen por saber que es un momento clave de sus vidas.

He comentado la influencia del entorno en la creación de la autoestima y de la identidad. Pongámonos las pilas para acompañar a los demás a cuestionarse su autoestima si es baja, porque puede cambiar. Es importante construirse un buen rincón confortable donde acogernos. Y así, podremos ser ejemplo de una sana autoestima, podremos transmitir la validez de quererse a uno mismo, a pesar de ser bajitos, poco agraciados o un desastre cocinando.

Os animo a seguir contruyendo esa autoestima nuestra, tan frágil pero tan importante. Al fin y al cabo, con quien estamos y estaremos siempre, será con nosotros mismos. ¿Por qué no llevarse bien?

 

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