Cuando nos defendemos…

Con esta entrada pretendo iniciar una serie de entradas que traten sobre los mecanismos de defensa.

En mi práctica profesional y en la interacción con el mundo, he podido observar como hay múltiples situaciones que generan cierta angustia y un malestar insoportable. Ante esto, el incosnciente, que es muy sabio, habla; pero utiliza el lenguaje de los mecanismos de defensa.

El significado de defensa en el mundo de la psicología (y en concreto, del psicoanálisis), no dista mucho del significado común. La defensa es una de las fuerzas instintivas más fundamentales en el enfrentamiento con el mundo exterior, en respuesta a lo que experimentamos como amenaza. El modo en el que nos defendemos de esa amenaza es el mecanismo de defensa que nuestro inconsciente ha construido.

La defensa es pulsional, actuadora. Y pretende reducir el posible desequilibrio que prevee el inconsciente y que hace peligrar la integridad de la persona. La vida tiene situaciones en las que sentimos perder el control de alguna parte de nuestro ser y es cuando acudimos a los mecanismos de defensa. Estos mecanismos nos ayudan adaptarnos socialmente y a contactar con el exterior.

El término fue acuñado por S. Freud en 1894 y su hija Anna, posteriormente, elaboró un listado con los mecanismos de defensa más comunes.

A pesar que la definición puede dar a entender que aparece en personas que presentan alguna patología mental o emocional, lo cierto es que nadie escapa de su uso. Según S. Freud, nuestra psique (aquello que ocurre en nuestra mente) está formada por tres estamentos: yo, superyo y ello. Este aparato psíquico mantiene un equilibrio donde cada estamento tiene su función.

El Yo deviene un mediador racional entre las expectativas del superyo y las presiones que el ello ejerce para obtener gratificación.

El Superyo es la conciencia, es la racionalización, el recuerdo del deber moral. Y el ello es el depositario de los impulsos y de la búsqueda de los estímulos básicos.

Para hacer una caricatura básica y sencilla de este aparato psíquico os pondré un ejemplo. Seguro que tenéis en mente esa imagen de una persona (yo) con un ángel (superyo) en un hombro y un demonio (ello) en el otro. Pues esa pugna que mantiene la persona es la típica situación en la que al final, acaba utilizando un mencanismo de defensa para salir del paso de manera airosa. imagen_4339

¿Cuántas veces nos apetecía hacer algo (una locura) pero nos hemos reprimido? ¿Cuantas veces nos hemos arrepentido de no haberlo hecho? El ello golpea, arrasa con fuerza, pero el superyo le planta un muro contenedor para que no desborde (en ocasiones, tan contenedor que impide que fluya).

Y para ir abriendo boca y porque creo que si explico algún ejemplo de mencanismo de defensa el concepto quedará más claro, os emplazo a la siguiente entrada del blog donde intentaré acercaros al concepto de negación. Es uno de los mecanismos de defensa más habituales.

Como siempre os invito a que dejéis comentarios, preguntas, reflexiones o sugerencias.

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