¿Hacia donde diriges tu energía prohibida? La sublimación

Siguiendo el hilo de las anteriores entradas del blog sobre los mecanismos de defensa, después de la negación, me he decidido continuar con la sublimación.

Esta palabra proviene del mundo de la química y en este campo científico se utiliza para denominar el proceso por el cuál un cuerpo sólido se convierte en gaseoso sin pasar por el estado líquido. Cuando hablamos de sublimar algo, también significa enlatecer, engrandecer, exaltar.

Freud tomó este concepto y lo trasladó al mundo del psicoanálisis. El funcionamiento psíquico se nutre de motores pulsionales de carácter inconsciente. Son impulsos, en ocasiones, de contenido poco aceptable por la sociedad y es por ello, que la persona debe protegerse de tales manifestaciones. ¡No podemos mostrar nuestra impulsividad en cualquier contexto!

Es decir, Freud llamaba sublimación al traslado de esa energía pulsional que provenía de un deseo inconsciente, en una actividad valorada y aceptada socialmente.

Aspectos como la sexualidad o la agresividad, a pesar de formar parte del ser humano, han sido censurados socialmente. Su expresión pública no siempre es aceptada. Algunas personas canalizan esos impulsos a través de actividades como las creaciones artísticas, el deporte o el desarrollo intelectual. Toda esa energía interna brolla de forma creativa y sin perjuicio de la persona que la posee.

La sublimación en sí, puede ser algo positivo, es una estrategia interesante que hace que aquello que, al mostrarse sería mal visto, se pueda canalizar hacia otro fin. Un ejemplo de sublimación bastante evidente sería Dalí. De sus cuadros emergen sexualidades imposibles o subversivas que se transforman en algo hermosos, inquietante o fascinante. A través del surrealismo se podía dar rienda suelta  y haciendo consciente toda aquella locura que invadía su mente.

dali_-_surrealismo

A pesar de ello, hay que vigilar con la sublimación. Cuando la manera en que se decide utilizar toda esa impulsividad reprimida se convierte en una obsesión, en algo tremendamente necesario, nos hace sentirnos encarcelados en esa actividad. Por ejemplo, un genio estudioso que se dedica con ahínco y solamente a investigar, a aprender o a descubrir puede estar descuidando otras necesidades vitales que nos ocasionan bienestar. Su focalización en esta actividad deviene una obsesión y un darle la espalda a otras esferas vitales que nos pueden proporcionar placer. Un placer permitido socialmente, un placer que no nos hemos de negar.

Así pues, de nuevo, observamos que los mecanismos de defensa cumplen una misión. Y al igual que la negación, la sublimación nos puede ser útil, ¿por qué no? Pero observamos que tarde o temprano, nos es insuficiente para encontrar un equilibrio que nos asegure un cierto bienestar emocional.

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Un pensamiento en “¿Hacia donde diriges tu energía prohibida? La sublimación

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