¡Es qué eres…! (es que soy). Proyectando en el otro.

Otro mecanismo de defensa: la Proyección.

De nuevo, el mundo de la psicología se acerca a otras ciencias para definir conceptos. Si en la sublimación aprovechábamos la química, en la proyección nos hacemos valer de un concepto físico-matemático para adentrarnos en un nuevo mecanismo de defensa.

Como en los otros mecanismos de defensa, el objetivo de la proyección es el de soportar ciertos aspectos inconscientes de nuestro propio ser. Y de nuevo, no siempre somos conscientes de que estamos proyectando.

La proyección ocurre cuando atribuimos a los demás virtudes o defectos propios, pero no reconocidos. El superyó sanciona pensamientos, sentimientos y deseos. A través de la proyección ocultamos de manera involuntaria nuestro mundo psíquico.

Como mecanismo de defensa es muy útil, favorece en ocasiones el autoengaño, que nos protege. Si proyectamos y ponemos en los demás aquello que nos disgusta, no somos capaces de aceptar que lo que nos disgusta es algo nuestro y de esta forma nos eximimos de responsabilidad. “Cómo no es mío, es del otro, no tengo que hacer nada con ello. Pero ¡qué insufrible es el otro!”

A pesar de que es algo común que realizamos con frecuencia, esconde un lado afilado, peligroso. Si bien preserva la autoimagen construida que nos da cierta estabilidad, un excesivo uso de la proyección puede alejarnos de lo que somos realmente, aparte de la injusticia de atribuir a los demás algo que objetivamente no tiene porqué ser cierto. Son atribuciones inconscientes y subjetivas pero es interesante darse cuenta que, por ejemplo, si pensamos que el otro nos odia, o que va de “enteradillo”, quizás sea al revés. Quizás sea que sentimos rabia hacia él porque se nos asemeja en algún aspecto.

Y el lado peligroso de la proyección es cuando se lleva al extremo y se convierte en paranoia. A pesar de que la paranoia se clasifica clásicamente como un síntoma de tipo psicótico, cada día nos encontramos más personas que viven con la angustia de sentirse perseguidos, juzgados, mirados.

Pero no siempre proyectamos aspectos negativos. También solemos atribuir sentimientos y sensaciones como la alegría o la felicidad. Somos más capaces de valorar un día fantástico cuando concuerda con nuestro estado de ánimo. Y así lo verbalizaremos. Seguro que si internamente estamos tristes, agobiados o desmotivados, no se nos ocurrirá decir “Qué día más alegre” por más que luzca un sol genial y corra una brisa fresca agradable. Lo subjetivo suele ganar.

espejo

Para finalizar, me gustaría destacar la participación involuntaria del otro en el juego de la proyección. Sin el otro no tendría sentido. Esto me lleva a una reflexión muy antigua que me gusta rescatar para no olvidarla. La existencia del otro nos ayuda a construirnos y nos da pistas sobre nosotros mismos. Aprovechemos el contacto con los demás, la relaciones, para ejercitar nuestro autoconocimiento. Os dejo el link de un blog que inicié hace algún tiempo que habla sobre este tema.

Y como siempre, invito a comentarios, reflexiones, opiniones y sugerencias.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s