El Pez de Antonio

En una ocasión tuve un paciente, al que llamaré Antonio, que presentaba algunos síntomas depresivos. Se sentía muy poco válido, no tenía ganas de hacer nada porque consideraba que no hacía las cosas bien y que no merecía el esfuerzo porque no iba a encontrar resultados.

Antonio tenía una pecera con un pez. El pez se mostraba más bien sedentario y Antonio no le dedicaba ningún tipo de atención, ni al animal ni a su habitáculo. No es que los peces sean unas mascotas muy entretenidas, pero, lo cierto es que hay peces que se deslizan por sus peceras con más o menos gracia. No era el caso del pez de Antonio, el cual parecía que no hacía ningún esfuerzo ya no por sobrevivir, sino por vivir.

Poco a poco, la terapia fue avanzando y en una sesión me contó un hecho en su vida que le resultó muy gratificante. Una tarde, Antonio miró aquella pecera, a la cual hacía meses que no prestaba atención y vio como el pez continuaba vivo a pesar que su entorno era más bien lamentable. La pecera estaba sucia por dentro y por fuera. Al ver el pez vivo, decidió que debía darle un poco de dignidad. Limpió la pecera y a partir de entonces, alimentó y cuidó el pez día a tras día.

Antonio me contó que en ese momento, al cuidar al pez, se dió cuenta que él tampoco se había estado cuidando. Me explicaba como cuidar el pez le hizo sentir que tenía que cuidarse y que aquella pecera era como una metáfora de la vida que últimamente estaba llevando.

A medida que avanzaba en terapia, podía ver como tenía que “limpiar” su entorno, como tenía que desechar aquellas “porquerías” que le impedían ver lo translúcido de su vida, su alrededor. Cuidar al pez, le permitió cuidar de sí mismo. Para Antonio, su pez llegó a ser algo importante porque reflejaba su interior, como se sentía por dentro.

Imagen extraída de Google

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Todos en alguna ocasión hemos sido como Antonio. Nos cuesta cuidar nuestro espacio, amontonamos creencias, valoraciones e ideas que nos impiden sentirnos cómodos con nosotros mismos. Podemos entrar en un estado de dejadez y de desidía donde no cabe la voluntad de cambiar las cosas.

Y como Antonio, podemos generar nuestro propio cambio. Podemos darnos cuenta cuando necesitamos un “lavado de cara” y qué es lo importante: cuidarse. Antonio decidió un día iniciar una terapia. Su compromiso con él mismo y con el proceso terapéutico le ayudó a avanzar poco a poco. No tuvo miedo a pedir ayuda, reconoció sus dificultades y eso lo catapultó hacia un mayor descubrimiento de sí mismo, pudiendo “limpiar su pecera”.

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4 pensamientos en “El Pez de Antonio

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