TRAS LA ETIQUETA

Hace unos meses que he iniciado una nueva etapa profesional. Trabajo con personas que tienen diagnosticado un trastorno mental severo. La mayoría siguen tratamiento por esquizofrenia, trastorno bipolar  y otras etiquetas que, en ocasiones, ayudan, pero otras veces, limitan.

Y recuerdo aquella frase de que “la lágrimas no te dejarán ver las estrellas” y la adapto a “la etiqueta no te dejará ver la persona”.

Muchas veces me encuentro atrapada en la incertidumbre en cuanto a mi intervención. Y quiero hablar en primera persona porque irremediablemente caería en el juicio demagógico y no lo pretendo. Simplemente, me limito a compartir mi sentir.

Los profesionales en la salud mental caemos en la rutina de diferenciar el “nosotros” de “ellos”. Nosotros, que sabemos de lo que hablamos por el contacto profesional (y a veces personal) que hemos tenido con personas diagnosticadas y por la formación recibida. Y “ellos”, que son pacientes, sufridores y que no saben lo que en realidad les pasa. Lamentablemente, caemos en esta diferenciación. Pero, si soy un poco crítica, a veces lucho por no caer en este discurso. No es un discurso manifiesto, a pesar que luego, me doy cuenta de que mi intervención es demasiado directiva, demasiado desequilibrada y rozando, en alguna ocasión, la falta de empatía y respeto. Me he podido llegar a sentir poseedora de la verdad absoluta, sin dar siquiera la oportunidad de escuchar de manera activa y empática a la persona que tengo delante. 

Por este motivo, me intento recordar a menudo que la paciencia es un don, que las prisas no son buenas y que si me olvidó de obtener el resultado que yo considero que a la persona le va a beneficiar, ya me coloco en otra posición. Esta posición es más abierta. Me obliga a despojarme de las creencias sobre las etiquetas. Y si bien es cierto que me han ayudado a entender algunas cosas, a veces, me han encorsetado.

Y no sólo a mí. Me resulta gracioso o curioso (no sabría definir), como la etiqueta puede ser utilizada para exculparse, justificarse y evitar así la responsabilidad. Pero, estoy casi segura, que si entre todos, empezamos a ver a la persona más allá del diagnóstico, nos estaremos haciendo un gran favor para entender que la salud mental es un asunto que nos atañe a todos y así minimizaremos el impacto del estigma y del tabú.

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