Sobre los TCA, la comida y la imagen

El otro día me preguntaron el por qué no me había especializado en trastornos de la conducta alimentaria (TCA). Me sorprendió la pregunta pero más me sorprendió el no saber dar respuesta. Después de esta anécdota y de que en diversas sesiones con la mayoría de mis pacientes apareciese el tema de “la comida”, he decidido compartir mi reflexión sobre este tema.

En los TCA, según mi parecer, existen dos factores sociales importantes. Uno es el significado de la comida más allá del de alimento y el otro es la importancia de la imagen corporal como un valor más respetado y respetable que el intelecto.

Hablo de factores sociales porque considero que están presentes en todos los individuos de la sociedad (en concreto la occidental, que es la que conozco en mayor profundidad). Casi siempre he entendido el ser humano como fruto de la relación: relación consigo mismo, con su familia, con su entorno, con sus aficiones, con la comida, el deporte, y ¡qué se yo!. Debido a que establecemos una relación con la comida, esta pasa a una casilla superior a la de alimento o necesidad vital.

La comida deja de ser un mero alimento cuando es el vehículo de múltiples celebraciones y eventos sociales. barbacoas, calçotadas, meriendas, cenas… ¿Os suena? Todo evento social viene acompañado de bebida y comida. El comer se puede convertir en una acción placentera para todos los sentidos. E incluso sirve para “posturear”. Quiero decir ¿quién no ha hecho una foto al chuletón que degustó en su viaje a Ávila y la ha subido a una red social?

Otro tipo de relación bastante común es como nos afecta al apetito los vaivenes emocionales. Si tengo ansiedad, necesito por ejemplo dulce, devoro hasta una vaca si me la ponen delante. Si me siento triste, estoy desganada en todos los sentidos y pierdo el apetito. Entonces, estado emocional y comida están altamente relacionados.

En relación al otro factor social, la importancia de la imagen física, qué decir de nuevo. Me sorprendí el otro día leyendo sobre una, por llamarlo de alguna manera, “moda” llamada Ab crack Me entristece y me resulta un tanto lamentable. La importancia que se le da a la imagen en este escaparate llamado mundo virtual puede generar una fuerte inseguridad en todo el mundo y una insatisfacción por acceptar su naturaleza.

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Pocos están exentos de su influencia. Se decía que afectaba más a las mujeres jóvenes, pero cada vez más los varones jóvenes sienten la presión social de estar impecables si quieren tener algo de valor o triunfar. ¡Ay, cuánto deberíamos aprender sobre el concepto “triunfo”! (pero esto ya sería contenido de otra entrada del blog).

Así pues, todavía no puedo dar respuesta al por qué no he estudiado más en profundidad los Trastornos de Conducta Alimentaria pero si puedo dejar mis conclusiones:

  • Los trastornos de conducta alimentaria son producto de una relación con la comida y el entorno desde una autoestima necesitada de fortaleza y un impulso imperioso de sentir el control sobre algo.
  • Muchos pacientes que me he encontrado tienen una relación “peculiar” o no muy sana con la comida. Intento guiarlos para descubrir que motivación, deseo, significado ponen en la comida para poder ver como se puede reformular esta relación y acabar tratando otros problemas de fondo (baja autoestima, necesidad de agradar a los demás, ansiedad, sentimientos autodestrutivos, dificultades en las relaciones sociales, etc.)

Me gustaría finalizar con el enlace de una noticia un tanto esperanzadora. Es muy positivo que personas famosas emprendan campañas a favor de la naturalidad como Alicia Keys en las redes sociales con el hastag:  #nomakeup

 

¿Y qué es eso de la Resiliencia?

La resiliencia es una de esas palabras que se oyen últimamente a menudo entre los técnicos del mundo psico-social. Pero no por estar de moda se trata de algo frívolo o sin valor.

Como en muchas ocasiones, la psicología toma de la física el vocablo. Y la palabra resiliencia se basa en la resistencia de algunos metales que son extremadamente duros y que a pesar de que los dobles, vuelven a su estado natural.

Fue un psiquiatra, Boris Cyrulnik, el que aproximó a la psicología este concepto, basándose en su experiencia personal como niño judío perseguido en la segunda guerra mundial. Al igual que algunos metales, hay personas que son capaces de volver a su estado natural ante las adversidades, e incluso salir más reforzados. De eso trata la resiliencia, en saber adaptarse a los reveses de la vida, que no son pocos.

En su orígen, el concepto se referia a la capacidad de aquellas personas de superar el dolor a pesar de que habían sufrido un hecho altamente traumático. Hoy día, la resiliencia es una capacidad que se muestra cuando uno se sobrepone a dificultades (no siempre han de ser traumáticas).

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La resiliencia es una capacidad que se puede adquirir. Esto significa que el es ser humano tiene una fortaleza interna innata para adaptarse a los cambios y manejarse en ambientes poco deseables. El incoveniente es que en ocasiones, tenemos la herramienta pero no la sabemos usar.

¿Quieres algunas pistas? Una persona resiliente:

  • Toma la situación complicada como un desafío que puede poner a prueba su potencialidad.
  • Tiene sentido del humor e intenta desarrollar su creatividad.
  • Encara la circunstancia con esperanza.
  • Busca recibir apoyo social.
  • Tiene mayor equilibrio emocional frente al estrés.
  • Presenta una ajustada autoestima y autoconfianza.
  • Conecta con su deseo, que lo lleva a pasar a la acción.
  • Es consciente del problema y se responsabiliza de su bienestar.
  • Intenta desanclarse del pasado, buscando cierta normalización en su vida.
  • Acepta el dolor y el sufrimiento como algo natural y un paso necesario para la superación.

En definitiva, se trata de ser consciente de lo que nos pasa y aceptar que estamos en un mal momento donde surgen los miedos y el sufirimiento. Finalmente, saber donde queremos estar para poder empezar a emprender un camino.

Ser resiliente es posible. Todos lo somos, aunque no lo sepamos ver. En la consulta, son muchas las personas que se viven superadas por los avatares de la vida más o menos de gravedad. Con el acompañamiento adecuado, pueden rescatar su potencial entereza.

Y si no, como diría Nietszche, “lo que no te mata, te hace más fuerte”.

Un ejemplo de ello, lo ilustra este vídeo: Resiliencia y Apego En él, el psiquiatra Cyrulnik explica como desde niños podemos llegar a ser resilientes y a superar situaciones dolorosas.

Y si os ha gustado este artículo, no dudéis en dinfundirlo. Gracias!

El Pez de Antonio

En una ocasión tuve un paciente, al que llamaré Antonio, que presentaba algunos síntomas depresivos. Se sentía muy poco válido, no tenía ganas de hacer nada porque consideraba que no hacía las cosas bien y que no merecía el esfuerzo porque no iba a encontrar resultados.

Antonio tenía una pecera con un pez. El pez se mostraba más bien sedentario y Antonio no le dedicaba ningún tipo de atención, ni al animal ni a su habitáculo. No es que los peces sean unas mascotas muy entretenidas, pero, lo cierto es que hay peces que se deslizan por sus peceras con más o menos gracia. No era el caso del pez de Antonio, el cual parecía que no hacía ningún esfuerzo ya no por sobrevivir, sino por vivir.

Poco a poco, la terapia fue avanzando y en una sesión me contó un hecho en su vida que le resultó muy gratificante. Una tarde, Antonio miró aquella pecera, a la cual hacía meses que no prestaba atención y vio como el pez continuaba vivo a pesar que su entorno era más bien lamentable. La pecera estaba sucia por dentro y por fuera. Al ver el pez vivo, decidió que debía darle un poco de dignidad. Limpió la pecera y a partir de entonces, alimentó y cuidó el pez día a tras día.

Antonio me contó que en ese momento, al cuidar al pez, se dió cuenta que él tampoco se había estado cuidando. Me explicaba como cuidar el pez le hizo sentir que tenía que cuidarse y que aquella pecera era como una metáfora de la vida que últimamente estaba llevando.

A medida que avanzaba en terapia, podía ver como tenía que “limpiar” su entorno, como tenía que desechar aquellas “porquerías” que le impedían ver lo translúcido de su vida, su alrededor. Cuidar al pez, le permitió cuidar de sí mismo. Para Antonio, su pez llegó a ser algo importante porque reflejaba su interior, como se sentía por dentro.

Imagen extraída de Google

Imagen extraída de Google

Todos en alguna ocasión hemos sido como Antonio. Nos cuesta cuidar nuestro espacio, amontonamos creencias, valoraciones e ideas que nos impiden sentirnos cómodos con nosotros mismos. Podemos entrar en un estado de dejadez y de desidía donde no cabe la voluntad de cambiar las cosas.

Y como Antonio, podemos generar nuestro propio cambio. Podemos darnos cuenta cuando necesitamos un “lavado de cara” y qué es lo importante: cuidarse. Antonio decidió un día iniciar una terapia. Su compromiso con él mismo y con el proceso terapéutico le ayudó a avanzar poco a poco. No tuvo miedo a pedir ayuda, reconoció sus dificultades y eso lo catapultó hacia un mayor descubrimiento de sí mismo, pudiendo “limpiar su pecera”.

¿ME QUIERO? SÍ, ME QUIERO: Taller sobre autoestima

LaClaveDeLaAutoestima

En ocasiones nos podemos sentir mal con nosotros mismos, creemos que no cumplimos nuestras expectativas, no nos gusta cómo nos vemos en el espejo, pensamos que no tenemos suficiente valor.

En esos momentos, estamos olvidando la relación con nuestra autoestima.

  • ¿Qué es?
  • ¿Cómo puedo relacionarme con ella?
  • ¿Cómo puedo trabajarla?

Os propongo un taller sobre autoestima. Es un taller introductorio, que pretende que los/as participantes se aproximen a este concepto muy utilizado en nuestro día a día, pero en ocasiones no dándole el espacio que se debiera.

¿Cuáles son los objetivos del taller?

  1. Conocer qué es la autoestima y cómo influye en nuestro día a día
  2. Conocer herramientas para descubrir el estado de nuestra autoestima
  3. Aproximarse al autoconocimiento
  4. Reflexionar sobre los recursos propios para reforzar la autoestima

¿Qué metodología utilizaremos?

El taller pretende ser práctico y participativo. A través de dinámicas grupales e individuales basadas en el juego, la comunicación y la interacción con el otro, nos podemos aproximar al conocimiento de cómo está nuestra autoestima y cómo podemos trabajar con ella.

  • Nº participantes: 12
  • Precio: 20€
  • Lugar: Psico-Rosselló. C/ Rosselló, 17, ent. 2ª Barcelona
  • Día y Horario: Sábado 11 de julio del 2015 de 10h a 13h

Si estás interesado/a, puedes ponerte en contacto conmigo a través del correo electrónico: aalcaraz@copc.cat o rellenando el formulario del link: http://goo.gl/forms/8MM1UMXj0V

Muchas gracias, y ¡a quererse!

Si pensáis que puede interesar a alguien, no dudéis en hacer difusión, os lo agradezco de antemano.

Construyéndonos

En los últimos días, me han llegado diferentes inputs que me han conducido a la decisión de un tema para mi nueva entrada en el blog: la construcción de la autoestima.

Ya nadie es desconecedor del dato: el 25 de noviembre es el día de la lucha contra la violencia de género. Muchos profesionales del campo de la salud y las ciencias sociales hablan, estudian, opinan sobre este hecho.

Otro input ha sido un curso online sobre salud, género y drogodependencias que he iniciado esta semana. Y finalmente, el último input ha sido un vídeo que mi prima colgó en una red social en el cuál salían una nueva “tribu urbana” de adolescentes llamada “Swaggers” y yo, movida por la curiosidad de estos temas, estuve visualizando diversos vídeos al respecto.

Llevaba días intentando pensar como enfocar algo de lo que hemos oído hablar mucho y que muchas veces focalizamos en ella el origen de todos nuestros males, inseguridades, errores, etc.: la dichosa autoestima. O mejor dicho, la dichosa BAJA autoestima.

Ha sido estimulante para mis conexiones neuronales el recibir estos inputs, puesto que he llegado a la conclusión, que en ocasiones, nuestra relación con el mundo es para nosotros (y erróneamente) más importante que nuestra relación con nosotros mismos. Y es por ello, que la construcción de una SANA autoestima es algo heroico, no imposible y vital para nuestro bienestar emocional.

A estas alturas, no pretendo definir el concepto de autoestima, ya que ha calado en el vocabulario de todo el mundo desde hace años y la mayoría podríamos definirla sin demasiado esfuerzo. Lo que me gustaría es poder reflexionar en como desde pequeños construimos nuestra autoestima.

En los primeros meses de vida, no tenemos desarrollado el concepto del yo, sino que es a través de los demás que definimos y vivimos el mundo. Poco a poco, gracias a las palabras, los gestos y la interacción con los adultos (en la mayoria de los casos, esos adultos son los padres), nos vamos empezando a dar cuenta de que somos una persona individual, con capacidad de acción. Nuestro entorno es un elemento enorme de influencia en la generación de la autoestima y del autoconcepto, así como en la formación de la personalidad.

Es por lo que vivimos que somos de una determinada manera. Pero no todo es debido a las atribuciones que los demás hacen de nuestros actos o palabras. Hay una parte que sí depende de nosotros mismos, de la valoración que hagamos de nuestra manera de ser, del cariño y el mimo que nos tengamos, de la compasión y el perdón ante los errores.

En un mundo donde hay personas que se respetan poco a si mismas, que se castigan, que se exigen hasta límites insospechados, es lógico que esta red de automachaque se vaya extendiendo de generación en generación. Y hay posiciones que adoptamos que nos resultan golosas, nos encadilan y de las que no podemos salir con facilidad. No nos gusta tener baja autoestima, pero ¿qué hacemos para cambiarla? Muchas personas, se quedan con la baja autoestima que viene de serie. Una baja autoestima que se engendró en el momento en el que desde niños se fijaban más en el reproche que en el halago. Y así, hasta llegar a la vida adulta.

En la construcción del género, del rol masculino y femenino, se ha dado mucha exigencia. Aunque, afortunadamente, se han flexibilizado ciertos conceptos de género y se han cuestionado algunos roles sociales, todavía está en el ADN humano ciertas creencias y atribuciones a cada género. Y de manera inconsciente tratamos de perpetuarlo de generación en generación. Esto influye en la creación de la autoestima, ya que si hacemos caso a pie juntillas de estos roles instaurados, sin cuestionarlos, estaremos exigiéndonos ser de una determinada manera. Y como consecuencia, no nos aceptaremos tal y como somos. Querremos ser como nos dicta la sociedad y cualquier lucha por romper este tinglado, sería difícil, dolorosa y quizá acabaría con el rechazo del entorno. Pero, ¿Y si todos empezáramos a hacer caso a nuestro criterio personal, al malestar que nos genera no querernos y aceptarnos? Uau!

La adolescencia es un punto clave. Los adolescentes prueban, buscan perdidos como construir su identidad, como formar parte de algo, como ser “alguien”. En serio, me da cierto pavor lo que significa “ser alguien” para los adolescentes de hoy. Más allá de los muchos “me gusta” de las redes sociales, en el día a día, implica pasar a la acción en algunas esferas en las que no se está preparado todavía. Y hemos de entender el vaivén hormonal que sufren y las dudas, y la presión que tienen por saber que es un momento clave de sus vidas.

He comentado la influencia del entorno en la creación de la autoestima y de la identidad. Pongámonos las pilas para acompañar a los demás a cuestionarse su autoestima si es baja, porque puede cambiar. Es importante construirse un buen rincón confortable donde acogernos. Y así, podremos ser ejemplo de una sana autoestima, podremos transmitir la validez de quererse a uno mismo, a pesar de ser bajitos, poco agraciados o un desastre cocinando.

Os animo a seguir contruyendo esa autoestima nuestra, tan frágil pero tan importante. Al fin y al cabo, con quien estamos y estaremos siempre, será con nosotros mismos. ¿Por qué no llevarse bien?