Nuestros monstruos

Ayer fui a ver Un monstruo viene a verme y me gustó. (Nota: está entrada puede contener spoilers).

Me gustó porque es una bonita historia que habla de la pérdida, la culpabilidad y el miedo, entre otras cosas. Encontré paralelismos a mi labor como psicóloga, ya que en todo proceso terapéutico existen los monstruos, nuestros monstruos.

Queremos huir de ellos por miedo. O fingir que no existen. O nos peleamos con ellos sin darnos cuenta que somos nosotros mismos. A veces, decimos que hemos de vencer a nuestros monstruos. Yo creo que no se trata de una batalla, sino de un conflicto que se puede resolver escuchándolos y pensando qué nos quieren decir. Y nuestros monstruos pueden ser feos, pero forman parte de nosotros. Y también pueden hablar con rodeos, pero lo cierto es que no siempre estamos preparados para escucharnos la verdad sin tapujos. Hay sentimientos que no tienen buena prensa, que pensamos que nos hacen personas de una categoría más baja.

El personaje de la película decide mirar a la cara a ese monstruo. Al principio con reticencia, pero finalmente decide escucharlo sin acabar de entender del todo el significado de sus historias. Siente desconcierto, rabia y actúa con impulsividad. Conor, que así se llama el chico, está viviendo un momento muy muy duro de su vida. Se enfrenta a la enfermedad terminal de su madre. Y cada noche le viene su monstruo a visitar. No entiende muy bien el porqué, pero cede ante su presencia. Al final, todo cobra sentido. El monstruo le ayuda a descubrir el miedo a la desaparición de su madre y la culpa por sentir que desea que se acabe ese sufrimiento, que ya no puede sostener más el vivir con una madre que se está muriendo.
Los monstruos son aquellos sentimientos oscuros que nos persiguen. Aquello que sentimos y nos incómoda o nos tortura. El tabú de la sociedad y el temor a no ser aceptados, hace que no podamos sacar a la luz a nuestros monstruos. Y los relegamos a la oscuridad.

El monstruo de Conor aparece para ayudarlo. Conor se siente culpable porque desea que su madre muera, ya que su enfermedad no acaba de curar y no puede disfrutar de su madre. Se pelea toda la película con ese sentimiento, se comporta de manera impulsiva porque no puede sostener la rabia de toda esa situación. Finalmente, el monstruo le ayuda a entender que tener algunos sentimientos, que realizar algunas acciones consideradas malas, no siempre.son castigadas, no siempre te convierten en una mala persona. Al fin y al cabo, todos tenemos ángeles y demonios. 

Si tu monstruo te tortura, párate, míralo a la cara y escúchale. Puede que, al principio, no tenga sentido lo que dice, pero luego, cobrará sentido, nos dará luz y quizás podamos estar en calma. 


¿Y qué es eso de la Resiliencia?

La resiliencia es una de esas palabras que se oyen últimamente a menudo entre los técnicos del mundo psico-social. Pero no por estar de moda se trata de algo frívolo o sin valor.

Como en muchas ocasiones, la psicología toma de la física el vocablo. Y la palabra resiliencia se basa en la resistencia de algunos metales que son extremadamente duros y que a pesar de que los dobles, vuelven a su estado natural.

Fue un psiquiatra, Boris Cyrulnik, el que aproximó a la psicología este concepto, basándose en su experiencia personal como niño judío perseguido en la segunda guerra mundial. Al igual que algunos metales, hay personas que son capaces de volver a su estado natural ante las adversidades, e incluso salir más reforzados. De eso trata la resiliencia, en saber adaptarse a los reveses de la vida, que no son pocos.

En su orígen, el concepto se referia a la capacidad de aquellas personas de superar el dolor a pesar de que habían sufrido un hecho altamente traumático. Hoy día, la resiliencia es una capacidad que se muestra cuando uno se sobrepone a dificultades (no siempre han de ser traumáticas).

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La resiliencia es una capacidad que se puede adquirir. Esto significa que el es ser humano tiene una fortaleza interna innata para adaptarse a los cambios y manejarse en ambientes poco deseables. El incoveniente es que en ocasiones, tenemos la herramienta pero no la sabemos usar.

¿Quieres algunas pistas? Una persona resiliente:

  • Toma la situación complicada como un desafío que puede poner a prueba su potencialidad.
  • Tiene sentido del humor e intenta desarrollar su creatividad.
  • Encara la circunstancia con esperanza.
  • Busca recibir apoyo social.
  • Tiene mayor equilibrio emocional frente al estrés.
  • Presenta una ajustada autoestima y autoconfianza.
  • Conecta con su deseo, que lo lleva a pasar a la acción.
  • Es consciente del problema y se responsabiliza de su bienestar.
  • Intenta desanclarse del pasado, buscando cierta normalización en su vida.
  • Acepta el dolor y el sufrimiento como algo natural y un paso necesario para la superación.

En definitiva, se trata de ser consciente de lo que nos pasa y aceptar que estamos en un mal momento donde surgen los miedos y el sufirimiento. Finalmente, saber donde queremos estar para poder empezar a emprender un camino.

Ser resiliente es posible. Todos lo somos, aunque no lo sepamos ver. En la consulta, son muchas las personas que se viven superadas por los avatares de la vida más o menos de gravedad. Con el acompañamiento adecuado, pueden rescatar su potencial entereza.

Y si no, como diría Nietszche, “lo que no te mata, te hace más fuerte”.

Un ejemplo de ello, lo ilustra este vídeo: Resiliencia y Apego En él, el psiquiatra Cyrulnik explica como desde niños podemos llegar a ser resilientes y a superar situaciones dolorosas.

Y si os ha gustado este artículo, no dudéis en dinfundirlo. Gracias!